Un Go-Around de Iberia reabre el debate: ¿necesita El Dorado un ILS CAT III?
- Spotters32r Bogotá
- 9 jun
- 3 min de lectura
Esta mañana una aproximación frustrada de un vuelo de Iberia volvió a poner sobre la mesa un debate que aparece cada cierto tiempo dentro de la comunidad aeronáutica colombiana.
La tripulación se encontraba en aproximación final hacia el Aeropuerto El Dorado cuando alcanzó los mínimos operacionales permitidos por el ILS categoría I. Al no obtener las referencias visuales necesarias para continuar el aterrizaje, ejecutó un procedimiento de aproximación frustrada, más conocido como go-around.
La maniobra fue completamente normal. De hecho, fue exactamente lo que debía -ocurrir. Y quizás ese sea el primer punto que vale la pena aclarar. Lo sucedido no demuestra que el sistema haya fallado. Demuestra que el sistema funcionó.
Los mínimos existen precisamente para eso. Cuando una tripulación no logra ver la pista o las referencias visuales requeridas, debe interrumpir la aproximación y volver a intentarlo o dirigirse a un aeropuerto alterno. La seguridad operacional no admite interpretaciones.
Sin embargo, el episodio volvió a despertar una pregunta que muchos aficionados, pilotos y profesionales del sector se hacen desde hace años.
¿Por qué el aeropuerto más importante de Colombia continúa operando con ILS categoría I?
A primera vista parece una pregunta sencilla. Pero la respuesta está lejos de serlo.
Cuando hablamos de ILS CAT II o CAT III, muchas personas imaginan que se trata únicamente de instalar equipos más modernos para permitir aterrizajes con menor visibilidad.
La realidad es mucho más compleja.
Un aeropuerto certificado para operaciones CAT III requiere inversiones significativas en infraestructura, iluminación, sistemas redundantes, monitoreo permanente, procedimientos especiales de control de tránsito aéreo, capacitación de tripulaciones y protocolos específicos para operaciones en condiciones de muy baja visibilidad.
No se trata únicamente de una antena diferente. Se trata de transformar buena parte del ecosistema operacional del aeropuerto. Y ahí es donde comienza el verdadero debate. Porque también es cierto que estamos hablando de El Dorado. No de cualquier aeropuerto.
Estamos hablando del principal centro de conexiones de Colombia, uno de los aeropuertos con mayor movimiento de pasajeros de América Latina y, además, uno de los terminales de carga más importantes del continente.
Un aeropuerto que hace años dejó de ser únicamente la puerta de entrada a Bogotá para convertirse en una pieza fundamental de la conectividad aérea regional.
Por eso resulta lógico que muchos se pregunten si ya llegó el momento de dar el siguiente paso tecnológico.
Pero también es justo reconocer que Bogotá no es Londres. No es Ámsterdam. No es Frankfurt.
En muchos aeropuertos europeos las condiciones de baja visibilidad son recurrentes durante buena parte del año. Existen jornadas enteras en las que las operaciones dependen de sistemas CAT III para mantenerse activas.
En Bogotá la situación es diferente.
Los eventos de baja visibilidad ocurren, generan afectaciones y ocasionalmente obligan a ejecutar procedimientos como el que vimos esta mañana. Sin embargo, no son una condición permanente de la operación.
Y precisamente por eso surge la pregunta económica.
¿Justifica la frecuencia de estos eventos una inversión de semejante magnitud? Porque toda decisión de infraestructura debe evaluarse desde la relación entre costo y beneficio.
Lo interesante es que este debate ya no puede analizarse únicamente desde la meteorología. Ahora también debe analizarse desde el crecimiento.
El Dorado está operando cerca de sus límites en múltiples franjas horarias. Los slots son cada vez más escasos. Las aerolíneas continúan creciendo. Llegan nuevas rutas. Aumentan las frecuencias. El tráfico de pasajeros sigue expandiéndose. Y la carga aérea mantiene niveles que convierten a Bogotá en uno de los principales centros logísticos de la región.
Paradójicamente, el problema de El Dorado no es la falta de actividad. Es exactamente lo contrario. Su éxito se está convirtiendo en uno de sus mayores desafíos.
Por eso quizás la discusión no debería centrarse en si la Aerocivil hizo algo mal o si el aeropuerto está atrasado tecnológicamente. Tal vez la verdadera pregunta sea otra.
¿Está creciendo la aviación colombiana a un ritmo que comienza a exigir infraestructuras que hace veinte años parecían innecesarias?
Porque lo ocurrido con Iberia no es una historia sobre una aproximación frustrada. Es una historia sobre el futuro. Sobre un aeropuerto que sigue creciendo. Sobre una industria que sigue expandiéndose. Y sobre decisiones que tarde o temprano tendremos que tomar si queremos que la infraestructura evolucione al mismo ritmo que la aviación colombiana.
Quizás hoy un ILS CAT III siga siendo objeto de debate. La verdadera incógnita es si dentro de diez años seguirá siéndolo.
Aviación. Más importante que amarla, es entenderla.
Voxavia.
Por: Wilberth Menco.



Comentarios