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¿Trabajando... o transmitiendo? La generación del "en vivo" se toma el Aeropuerto El Dorado.

3 ago
3 min de lectura

Por wmb.

 

Hubo una época en la que vestir un chaleco reflectivo en un aeropuerto era motivo de orgullo. Quien lograba trabajar en la aviación entendía que había ingresado a una industria distinta, donde la disciplina no era una sugerencia, sino una obligación. Hoy, sin embargo, pareciera que para algunos ese chaleco dejó de representar profesionalismo y comenzó a verse como el uniforme perfecto para convertirse en creador de contenido.

 

El fenómeno no nació en Colombia. En aeropuertos de todo el mundo abundan videos de trabajadores grabando bailes, haciendo transmisiones en vivo o documentando cada minuto de su jornada laboral. Las redes sociales han convertido cualquier espacio en un escenario y cualquier actividad en una oportunidad para conseguir seguidores. La diferencia es que un aeropuerto nunca debió entrar en esa lógica.

 

Lamentablemente, esa cultura también ha comenzado a hacerse visible en el Aeropuerto Internacional El Dorado. No hace falta buscar demasiado para encontrar publicaciones de personas que se identifican como trabajadores del aeropuerto realizando transmisiones en vivo o grabando contenido durante su jornada. Más preocupante que la existencia de esos videos es la naturalidad con la que parecen hacerse. Lo que antes habría generado una llamada de atención, hoy pareciera asumirse como algo normal.

 

Y no, no es normal, porque un aeropuerto no es un centro comercial. No es un parque. No es un restaurante. Mucho menos es un estudio de TikTok. Es un entorno operacional donde conviven aeronaves de cientos de millones de dólares, motores capaces de absorber personas y objetos, vehículos especializados, combustible, equipos de apoyo en tierra y miles de pasajeros que confían en que quienes trabajan allí están concentrados exclusivamente en hacer bien su trabajo.

 

La aviación no construyó su cultura de seguridad con campañas publicitarias. La construyó aprendiendo de accidentes. Cada procedimiento, cada restricción y cada norma existen porque alguien, en algún momento de la historia, cometió un error que costó vidas o dejó consecuencias irreparables. Por eso sorprende que algunos crean que dividir la atención entre una operación aeroportuaria y un teléfono celular es algo sin importancia.

 

No lo es. Quien está pendiente de los comentarios de un en vivo no está completamente pendiente de su trabajo. Quien acomoda el celular para lograr un mejor ángulo no está completamente concentrado en la operación. Quien responde preguntas de sus seguidores mientras desempeña funciones operacionales ha decidido, consciente o inconscientemente, que la validación de desconocidos merece parte de la atención que debería estar dedicada a una actividad crítica.

 

Eso no es modernidad. Eso es falta de profesionalismo, y conviene decirlo con todas sus letras.

 

Existe una enorme diferencia entre utilizar las redes sociales para divulgar la aviación y utilizarlas mientras se está trabajando. La primera merece reconocimiento cuando se hace con responsabilidad. La segunda merece reproche. Porque una cosa es explicar cómo funciona una operación una vez terminó la jornada, y otra muy distinta convertir el lugar de trabajo en un escenario para alimentar el algoritmo.

Algunos intentarán justificar estas conductas diciendo que "solo fueron unos segundos", que "no estaba pasando nada" o que "cada quien es libre de manejar sus redes". Ese tipo de argumentos demuestra precisamente por qué el problema es más profundo de lo que parece. En aviación, los incidentes rara vez anuncian que van a ocurrir. Si existiera un momento seguro para distraerse, los manuales lo dirían. No lo dicen. La seguridad operacional exige atención permanente, incluso cuando aparentemente no sucede nada.

 

Tampoco toda la responsabilidad puede recaer sobre quien sostiene el teléfono. Si estas conductas empiezan a repetirse, también es válido preguntarse qué está ocurriendo con la supervisión. Un líder que observa a un trabajador realizando una transmisión en vivo durante funciones operacionales y decide ignorarlo está enviando un mensaje peligroso: que la disciplina es negociable. Y cuando la disciplina se vuelve opcional, la cultura de seguridad comienza a deteriorarse.

Trabajar en un aeropuerto debería ser un privilegio que exige responsabilidad, no una oportunidad para acumular seguidores. La plataforma no necesita influencers. Necesita profesionales capaces de comprender que hay lugares donde el protagonismo personal debe ceder por completo ante la responsabilidad colectiva.

Porque, al final, los "likes" no empujan aeronaves, no guían operaciones, no previenen accidentes ni protegen vidas. El profesionalismo sí.

 

Y quien no sea capaz de entender esa diferencia, quizá debería preguntarse si realmente escogió la profesión correcta.

 

Para amar la aviación, hay que entenderla. Voxavia.

 


 
 
 

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