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¿Por qué los Boeing 787 de Avianca están presentando problemas?

6 ago
5 min de lectura

Por wmb.

 

Para comenzar, ya hemos tratado este tema varias veces en diferentes columnas, pero vemos que la gente aún no lo tiene claro.

 

En medio de los recientes retrasos y cancelaciones asociados a la flota de Boeing 787 de Avianca, han surgido todo tipo de especulaciones sobre el estado de estas aeronaves. Sin embargo, conviene hacer una precisión importante: una cosa es que un avión presente una novedad técnica antes del vuelo y otra muy distinta es que esté operando con fallas o que haya protagonizado incidentes por problemas de mantenimiento.

 

Si en algo se ha caracterizado Avianca durante décadas es precisamente por la rigurosidad de sus programas de mantenimiento. La mejor prueba es que los Boeing 787 de la compañía no han sufrido incidentes atribuibles a deficiencias en el mantenimiento. Cuando un avión permanece en tierra por varias horas, o incluso por días, normalmente ocurre porque durante una inspección se detecta una condición que, aunque todavía no representa una falla en vuelo, podría evolucionar si la aeronave continúa operando. La decisión entonces es sencilla: no despega hasta que el inconveniente sea solucionado.

 

En otras palabras, el mantenimiento está funcionando exactamente como debe hacerlo. El objetivo no es reparar aviones que ya fallaron, sino evitar que lleguen a fallar.

 

El verdadero dolor de cabeza: los motores Rolls-Royce Trent 1000

 

Gran parte de las afectaciones que ha experimentado la flota de Boeing 787 alrededor del mundo no tienen relación con la célula del avión, sino con la confiabilidad de una versión específica de los motores Rolls-Royce Trent 1000.

 

Desde hace varios años, estos motores han presentado problemas relacionados con el desgaste prematuro de algunos componentes internos, especialmente en las turbinas de alta presión, obligando a inspecciones mucho más frecuentes y, en muchos casos, a retirar motores antes del tiempo inicialmente previsto. Esto ha afectado a numerosas aerolíneas en distintos continentes.

 

Avianca no ha sido la única. Operadores como LATAM, All Nippon Airways (ANA), British Airways, Virgin Atlantic, Air New Zealand y otras compañías también enfrentaron limitaciones operacionales por esta misma situación.

 

¿Por qué LATAM ahora tiene motores General Electric?

 

Existe una confusión frecuente sobre este tema.

 

Algunas personas creen que LATAM retiró los motores Rolls-Royce de sus Boeing 787 y les instaló motores General Electric. Eso no es posible.

 

Los aviones comerciales son certificados desde fábrica para operar con un tipo específico de motor. La estructura del ala, los sistemas hidráulicos, eléctricos, el software de control, el centro de gravedad, las cargas estructurales y la certificación de aeronavegabilidad están diseñados para una determinada familia de motores. Cambiar un Rolls-Royce por un General Electric en un avión ya construido implicaría rediseñar y volver a certificar prácticamente toda la aeronave, un proceso técnicamente complejo y económicamente inviable.

 

Lo que hizo LATAM fue algo muy diferente: los nuevos Boeing 787 que fue incorporando a su flota fueron pedidos desde fábrica con motores General Electric GEnx, una de las dos opciones certificadas por Boeing para este modelo. Es decir, no modificó los aviones existentes; simplemente eligió otra motorización para las nuevas entregas.

 

¿Por qué Avianca no hizo lo mismo?

 

La respuesta está en la estrategia de renovación de flota.

 

A diferencia de LATAM, Avianca decidió no realizar nuevos pedidos de Boeing 787. Su apuesta de largo plazo está enfocada en el Airbus A330-900neo, una aeronave de nueva generación que ofrece mejoras importantes en eficiencia de combustible, autonomía y costos operacionales.

 

Sin embargo, existe un problema que afecta a toda la industria: los tiempos de entrega.

 

Hoy, ordenar un avión nuevo no significa recibirlo en unos meses. Tanto Airbus como Boeing acumulan enormes carteras de pedidos y las líneas de producción están comprometidas por varios años. Dependiendo del modelo y del fabricante, una aerolínea puede tener que esperar cinco, seis o incluso más años para recibir una aeronave recién salida de fábrica.

 

Esto significa que, aunque una compañía quiera acelerar la renovación de su flota, simplemente no existen aviones disponibles de manera inmediata.

 

Los 787 de Avianca siguen siendo aviones jóvenes

 

Otro aspecto que suele pasarse por alto es la edad de estas aeronaves.

 

El Boeing 787 más antiguo de Avianca tiene aproximadamente 12 años de servicio. En la aviación comercial moderna, esa edad está lejos de considerarse elevada. Existen aviones de pasajeros que operan de manera segura durante 25, 30 e incluso más de 35 años gracias a programas de mantenimiento estrictamente regulados.

 

En aviación, la edad cronológica no determina el estado de un avión. Lo que realmente importa es el cumplimiento de los programas de mantenimiento, las inspecciones mayores, el reemplazo oportuno de componentes y las directivas emitidas por fabricantes y autoridades aeronáuticas.

 

Por eso, un avión de 12 años correctamente mantenido puede encontrarse en excelentes condiciones operacionales.

 

Una decisión que privilegia la seguridad

 

Cuando un Boeing 787 de Avianca permanece en tierra por una revisión técnica, lejos de ser una señal de descuido, suele ser evidencia de que los procedimientos de seguridad están funcionando.

 

Puede generar retrasos, cancelaciones e incomodidades para los pasajeros, pero la alternativa sería permitir el despacho de una aeronave sobre la que existe una duda técnica. En aviación comercial, esa opción simplemente no existe.

 

Los inconvenientes asociados a los motores Rolls-Royce Trent 1000 han representado un desafío para múltiples aerolíneas alrededor del mundo. Sin embargo, mientras llegan los nuevos aviones y se supera la actual escasez global de entregas, las compañías deben gestionar sus flotas con un principio que sigue siendo innegociable: si existe la más mínima incertidumbre sobre la condición técnica de un avión, ese avión se queda en tierra. Esa decisión puede ser impopular para el pasajero que espera llegar a tiempo, pero es precisamente la que mantiene a la aviación como el medio de transporte más seguro del mundo.

 

¿Y los incidentes que ha tenido Avianca con sus Boeing 787?

 

Seguramente más de uno recordará algunos eventos ocurridos en los últimos años: indicaciones de motor en vuelo, apagados preventivos de una turbina, una despresurización sobre el Atlántico o incluso una fisura en un parabrisas que obligó a regresar o desviarse. Sí, esos incidentes ocurrieron y sería un error desconocerlos.

 

Pero también sería un error utilizarlos como prueba de que Avianca tiene un mal mantenimiento.

 

En aviación existe una diferencia enorme entre un incidente operacional y un problema de mantenimiento. Un aviso de motor, una despresurización o una fisura en un parabrisas no significan, por sí solos, que la aerolínea haya descuidado sus aeronaves. Lo que realmente importa es cómo responde la operación cuando aparece una anomalía.

 

Y eso fue precisamente lo que ocurrió en esos casos: las tripulaciones siguieron los procedimientos establecidos, apagaron un motor cuando era necesario, descendieron, regresaron o se desviaron al aeropuerto más conveniente, aterrizando de manera segura. Es decir, el sistema hizo exactamente para lo que fue diseñado.

 

Además, varios de los eventos relacionados con motores coinciden con los problemas ampliamente documentados de los Rolls-Royce Trent 1000, una situación que afectó a numerosas aerolíneas alrededor del mundo y no únicamente a Avianca. De hecho, operadores como LATAM, British Airways, ANA o Air New Zealand también tuvieron que enfrentar restricciones, inspecciones extraordinarias y afectaciones operacionales por esa misma familia de motores.

 

En otras palabras, una lista de incidentes no demuestra, por sí sola, que exista un mal mantenimiento. Si fuera así, prácticamente todas las grandes aerolíneas del mundo podrían ser acusadas de lo mismo. Lo que sí demuestra esa lista es que, cuando aparece la más mínima duda sobre la condición de una aeronave, se toman decisiones conservadoras, aunque eso implique retrasos, cancelaciones o desvíos.

 

Y en aviación, créanme, eso es exactamente lo que uno espera que haga una aerolínea.

 

Para amar la aviación, hay que entenderla. Voxavia.



 
 
 

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