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La Captiva: la historia del Boeing 787 que pasó del taller a convertirse en uno de los aviones más queridos de Avianca

Por wmb.

 

Hay aviones que pasan por la historia de una aerolínea sin dejar huella. Otros, en cambio, terminan convirtiéndose en personajes con nombre propio. El Boeing 787-8 N799AV de Avianca pertenece a este último grupo.

 

Hoy, si usted frecuenta comunidades de spotters o sigue la operación aérea colombiana, probablemente lo haya escuchado llamar "La Captiva". Lo curioso es que ese nombre no nació en una oficina de Avianca ni en un medio de comunicación. Nació entre risas.

 

Pero antes de contar esa historia, hay que entender por qué ocurrió.

 

El N799AV perteneció originalmente a Norwegian, aerolínea que operaba el Dreamliner en rutas entre Escandinavia y Norteamérica. Cuando la compañía decidió vender parte de su flota, Avianca aprovechó la oportunidad y adquirió varios Boeing 787-8 a un precio muy favorable.

 

Sin embargo, esos aviones llegaron con un reto importante: problemas recurrentes en sus motores.

 

Es importante aclararlo desde el principio. No era un problema del Boeing 787 como diseño ni un problema de seguridad del avión. Las novedades estaban relacionadas con los motores y, precisamente por eso, Avianca aplicó una política extremadamente conservadora: ante cualquier indicio técnico, la aeronave regresaba a mantenimiento.

 

Durante meses era frecuente verla volar unos días y luego volver al hangar. Regresaba al servicio, cumplía algunos itinerarios y nuevamente terminaba en tierra para revisiones.

 

Pero la historia del apodo tiene una anécdota que pocos conocen. Fue una historia que jamás imaginé que llegaría tan lejos.

 

Todo comenzó en uno de esos grupos de WhatsApp donde los aficionados a la aviación comentamos el día a día de la operación aérea. El N799AV llevaba semanas alternando vuelos con ingresos a mantenimiento y, entre comentarios y bromas, alguien escribió:

 

—"Parece una Captiva."

 

La comparación con el conocido vehículo de Chevrolet nos hizo reír a todos. Mi respuesta fue inmediata:

—"¡Sí! Esa es la Captiva."

 

La broma me gustó tanto que hice un montaje con inteligencia artificial. Tomé una captura de la app flightradar24 y donde normalmente se leía "Biodiversity Livery", escribí "Captiva Livery". La compartí primero en ese grupo de WhatsApp y, después, en comunidades de FlightRadar24 y Facebook.

 

A partir de ese momento, cada vez que alguien publicaba una fotografía del N799AV, aparecía el comentario:

 

"Ahí va la Captiva."

 

Lo que comenzó como una simple mamadera de gallo entre aficionados empezó a repetirse una y otra vez. Pasaron los meses y el nombre dejó de pertenecer únicamente a esos grupos cerrados. Empecé a verlo en publicaciones de spotters de diferentes ciudades, luego en fotografías compartidas por personal de rampa e incluso en comentarios de personas vinculadas a la operación diaria en El Dorado.

 

"Ya aterrizó la Captiva."

"Ténganle paciencia a la Captiva."

"Ahí viene la famosa Captiva."

 

Fue en ese momento cuando entendí que aquella ocurrencia había tomado vuelo propio. Un apodo nacido en medio de una conversación entre amigos había terminado convirtiéndose en parte del lenguaje cotidiano de buena parte de la comunidad aeronáutica colombiana.

 

La historia de La Captiva llegó incluso más lejos. Para el especial del Día de los Inocentes, el 28 de diciembre, decidí jugar con el apodo y publiqué dos noticias falsas que terminaron teniendo una enorme acogida entre los aficionados a la aviación. En una de ellas, el N799AV recibía un supuesto premio internacional por ser el avión más ecológico de Avianca... simplemente porque pasaba más tiempo en tierra que volando. En la otra, Chevrolet iniciaba una ficticia demanda contra la comunidad spotter por utilizar el nombre "Captiva" para bautizar al Dreamliner. Las dos publicaciones fueron entendidas como lo que eran: una broma de Inocentes que provocó cientos de risas, comentarios y compartidos, demostrando hasta qué punto aquel apodo ya hacía parte del lenguaje cotidiano de la comunidad aeronáutica.

 

Y esa experiencia también deja una enseñanza. Quienes divulgamos información sobre aviación tenemos una enorme responsabilidad. Un comentario, una fotografía o un simple apodo pueden llegar mucho más lejos de lo que imaginamos. En este caso nació como una broma, pero también era importante que nunca se prestara para generar una percepción equivocada sobre la seguridad de la aeronave.

 

Precisamente por eso también vale la pena hacer una aclaración que considero necesaria.

 

Hay personas que escuchan el nombre "La Captiva" y piensan inmediatamente en un avión inseguro.

 

Nada más alejado de la realidad.

 

El sobrenombre nunca significó que el avión fuera peligroso. Significaba, simplemente, que pasaba mucho tiempo en mantenimiento.

 

Y eso ocurría porque Avianca estaba haciendo exactamente lo que debía hacer.

 

Cada vez que aparecía una novedad técnica en los motores, la aeronave era retirada de la operación hasta solucionar completamente el inconveniente. Esa decisión le costó dinero a la compañía. Un avión en tierra no produce ingresos; genera pérdidas.

Sin embargo, la aerolínea prefirió asumir ese impacto económico antes que comprometer los estándares de seguridad.

 

Ese es un aspecto que merece reconocimiento.

 

Podemos debatir sobre el servicio, las tarifas o cualquier decisión comercial de una aerolínea. Pero cuando hablamos de mantenimiento y seguridad operacional, Avianca ha demostrado durante años que prefiere detener una aeronave antes que despacharla con la más mínima duda técnica.

 

Y el N799AV es una prueba de ello.

 

Durante toda aquella etapa nunca protagonizó un incidente de seguridad. Nunca puso en riesgo a sus pasajeros. Las inspecciones y los mantenimientos preventivos funcionaron exactamente para lo que fueron diseñados: detectar anomalías antes de que se convirtieran en un problema.

 

Con el paso del tiempo llegaron las intervenciones definitivas en los motores y la historia cambió por completo.

 

Los antiguos motores verdes dieron paso a los actuales motores rojos de Avianca y el Dreamliner dejó atrás aquella época de constantes visitas al hangar.

 

Hoy opera con normalidad, cubriendo rutas internacionales como Bogotá-São Paulo y otros destinos de largo alcance, convirtiéndose en uno de los Boeing 787 más confiables de la compañía.

 

Paradójicamente, también es uno de los más queridos.

 

Su espectacular esquema "Unidos por la Biodiversidad", con el fuselaje verde, la cola azul y los motores rojos, hace que sea imposible no voltear a mirarlo cuando aparece en plataforma o inicia la carrera de despegue. Para muchos aficionados, sigue siendo uno de los liveries más hermosos que ha llevado un avión comercial en Colombia.

 

Y aunque aquella etapa ya quedó atrás, el nombre permanece.

 

Cada vez que lo veo despegar, no puedo evitar sonreír al escuchar que alguien dice:

"Ahí va la Captiva."

 

Quién iba a imaginar que una broma escrita en un grupo de WhatsApp terminaría formando parte de la historia no oficial de uno de los aviones más emblemáticos de Avianca.

 

Porque, al final, La Captiva nunca fue un símbolo de inseguridad.

 

Fue un símbolo de paciencia, de mantenimiento responsable y de una comunidad de aficionados capaz de convertir una simple ocurrencia en una historia que todavía sigue volando.

 

Para amar la aviación, hay que entenderla.

Voxavia

 

Fotos: Francisco Parra, Bryan Gómez.


Link de las noticias falsas:


N799AV Gana premio al cuidado del medio ambiente:


Chevrolet Demanda a Avianca por el uso indebido de "Captiva"



 
 
 

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