El Fokker FAC-0002 emprende su último viaje... por carretera hacia un museo
- Spotters32r Bogotá
- 16 jul
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Hay aviones que pasan por la historia y hay otros que hacen parte de ella. El Fokker F28 Mk.1000 FAC-0002, una de las aeronaves más emblemáticas de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, está a punto de iniciar el que será, probablemente, el último recorrido de su vida operativa. Esta vez no despegará desde una pista ni recibirá autorización de la torre de control. Su viaje será por carretera y tendrá como destino el Museo Aeroespacial Colombiano, donde continuará prestando un servicio diferente: preservar la memoria de la aviación nacional.
Desde hace varios meses, el FAC-0002 permanece resguardado en CATAM (Comando Aéreo de Transporte Militar), la base militar ubicada dentro del Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá. Allí se encuentra completamente conservado y en una sola pieza, mientras la Fuerza Aeroespacial Colombiana adelanta los preparativos para una de las operaciones logísticas más llamativas que puede tener una aeronave: trasladarla por tierra hasta su nuevo hogar.
Lejos de ser un procedimiento improvisado, la Fuerza Aeroespacial Colombiana abrió un proceso contractual cercano a los 698 millones de pesos para ejecutar el desmontaje parcial, transporte especializado e instalación definitiva del avión en el Museo Aeroespacial Colombiano, ubicado en Tocancipá, Cundinamarca. El contrato contempla un plazo aproximado de 115 días, durante los cuales se desarrollarán todas las labores técnicas necesarias para garantizar que la aeronave llegue en perfectas condiciones y pueda ser exhibida al público.
Mover un avión de este tamaño por carretera requiere una verdadera operación de ingeniería. En la mayoría de estos casos se desmontan las alas, los estabilizadores y algunos componentes externos para reducir las dimensiones del conjunto. Luego, el fuselaje se instala sobre plataformas de cama baja especialmente diseñadas para transportar cargas de gran tamaño. Antes del recorrido también se estudia cuidadosamente la ruta para evitar puentes bajos, cables eléctricos, árboles, glorietas y otros obstáculos que podrían impedir el paso de una estructura de más de 27 metros de longitud.
En Colombia este procedimiento ya se ha realizado anteriormente con otras aeronaves históricas que hoy hacen parte del Museo Aeroespacial Colombiano. Gracias a esos trabajos de desmontaje, transporte y posterior ensamblaje, aviones que alguna vez estuvieron en servicio hoy pueden ser admirados por el público como parte del patrimonio aeronáutico del país. Todo indica que el FAC-0002 seguirá exactamente ese mismo proceso.
Aunque la Fuerza Aeroespacial Colombiana aún no ha informado la fecha exacta del traslado, es muy probable que la operación se realice durante la noche o en la madrugada, cuando el tráfico vehicular disminuye considerablemente. De esa manera se facilita el desplazamiento del convoy, acompañado por autoridades de tránsito y personal especializado, reduciendo además el impacto sobre la movilidad de Bogotá y los municipios por donde deberá pasar hasta llegar a Tocancipá.
Una vez instalado en el museo comenzará una nueva etapa. Ya no transportará delegaciones oficiales ni cumplirá misiones de Estado, pero sí tendrá la responsabilidad de contarle su historia a miles de visitantes. Allí será una pieza permanente del patrimonio aeronáutico colombiano y permitirá que nuevas generaciones conozcan de cerca un avión que durante décadas fue protagonista de algunos de los momentos más importantes del país.
Y razones para ocupar ese lugar le sobran. Incorporado a la entonces Fuerza Aérea Colombiana en 1971, este Fokker acumuló más de 54 años de servicio, convirtiéndose en uno de los F28 con mayor tiempo de operación en el mundo. Durante su carrera transportó a nueve presidentes de Colombia, movilizó autoridades nacionales e internacionales, llevó al papa Juan Pablo II durante su visita al país en 1986 y, en 2008, fue la aeronave encargada de trasladar a Bogotá a los rescatados de la Operación Jaque, uno de los operativos militares más importantes de la historia reciente de Colombia.
Pero su legado va mucho más allá de las personalidades que viajaron a bordo. Para miles de aficionados a la aviación y para generaciones de spotters colombianos, el FAC-0002 fue un visitante habitual en plataformas y aeropuertos. Su característica silueta, el sonido inconfundible de sus dos motores Rolls-Royce Spey y su presencia constante en operaciones oficiales lo convirtieron en uno de esos aviones que todos querían fotografiar al menos una vez. Muchas de las imágenes que hoy conservan los spotters serán, con el paso de los años, parte del registro histórico de una aeronave irrepetible.
Su llegada al Museo Aeroespacial Colombiano también representa una oportunidad para seguir fortaleciendo la cultura aeronáutica del país. Sería extraordinario que, además de contemplarlo desde el exterior, en el futuro los visitantes pudieran recorrer su cabina de pasajeros o incluso conocer la cabina de mando, tal como ocurre en algunos de los principales museos aeronáuticos del mundo. Acercar al público a este tipo de experiencias ayuda a despertar vocaciones, comprender mejor la aviación y valorar el enorme trabajo que existe detrás de cada vuelo.
Porque los aviones históricos no desaparecen cuando apagan sus motores por última vez. Simplemente cambian de misión. El FAC-0002 dejará de surcar los cielos colombianos, pero seguirá inspirando a quienes se detengan frente a él para conocer su historia. Su último viaje será por carretera, sí, pero su legado continuará volando durante muchas décadas más.
Para amar la aviación, hay que entenderla.
Voxavia
Por wmb
Foto: Guillermo Tovar R. @GuilloETovarR




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