Alianza Summa: La nostalgia hecha aviación
- Spotters32r Bogotá
- 22 jun
- 3 min de lectura
Hay logotipos que representan empresas. Y hay logotipos que representan una época. Para muchos aficionados de la aviación colombiana, la mariposa de Alianza Summa pertenece a esa segunda categoría.
Han pasado más de veinte años desde que desapareció, pero basta con ver nuevamente aquel logo gris con los colores de Avianca, SAM y ACES para que regresen los recuerdos de una de las etapas más extrañas, polémicas y nostálgicas de la aviación nacional.
Porque Summa fue mucho más que una marca. Fue el intento de salvar a tres gigantes en uno de los momentos más difíciles que haya vivido la industria aérea mundial. Y también fue el comienzo del final para dos de las aerolíneas más queridas que ha tenido Colombia.
Para entender Summa hay que devolverse algunos años.
Avianca llegaba al nuevo siglo siendo ya una leyenda. Fundada en 1919, era la aerolínea más antigua de América y una de las más antiguas del mundo. Había sobrevivido guerras, crisis económicas, secuestros, atentados y transformaciones tecnológicas. Sin embargo, a comienzos de los años 2000 atravesaba dificultades financieras importantes y una estructura de costos que comenzaba a pasar factura.
SAM, la Sociedad Aeronáutica de Medellín, llevaba desde 1945 conectando regiones de Colombia. Durante décadas había construido una identidad propia y una operación sólida. Sus Boeing 727, Fokker y posteriores Fokker 100 hicieron parte de la memoria colectiva de miles de pasajeros colombianos.
Y luego estaba ACES. Fundada en 1971, la aerolínea naranja había logrado algo que parecía imposible: competir de tú a tú con Avianca. Su lema era sencillo: "Por el respeto". Y lo cumplía.
Para muchos viajeros era sinónimo de puntualidad, servicio y atención al cliente. Durante años fue considerada por numerosos pasajeros como la mejor aerolínea colombiana. Su cultura corporativa llegó a convertirse en un referente dentro de la industria.
Pero entonces llegó el golpe que cambió la aviación mundial.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 provocaron una crisis global sin precedentes. El tráfico aéreo cayó, los costos aumentaron y numerosas aerolíneas comenzaron a enfrentar problemas financieros. En Colombia la situación no era diferente.
Fue entonces cuando surgió una idea que parecía lógica. Unir fuerzas.
En diciembre de 2001 la Aeronáutica Civil aprobó la integración operacional de Avianca, SAM y ACES. El 20 de mayo de 2002 nació oficialmente Alianza Summa.
La promesa era ambiciosa. Compartir rutas, flota, infraestructura, mantenimiento y recursos para crear una organización más eficiente capaz de competir en un mercado cada vez más difícil.
Por un momento pareció funcionar. Los aviones comenzaron a lucir la imagen de Summa. Los itinerarios se integraron. Las operaciones se reorganizaron. Y los aficionados empezamos a ver algo que jamás habíamos imaginado: Avianca, SAM y ACES trabajando bajo una misma marca.
Hoy muchos recuerdan aquella época con nostalgia. Los colores. Los Airbus A320 de ACES. Los MD-83 de Avianca. Los Fokker de SAM. La mariposa de Summa en los fuselajes.
Parecía el comienzo de una nueva era. Pero la realidad detrás de los hangares era mucho más compleja.
Las dificultades financieras continuaban. Avianca terminó acogida al Capítulo 11 de la ley de quiebras en Estados Unidos en marzo de 2003 mientras intentaba reorganizar sus operaciones. Y pocos meses después llegó el golpe más duro.
En agosto de 2003 ACES entró en proceso de liquidación. Las pérdidas acumuladas y el alto nivel de endeudamiento hicieron inviable su continuidad.
Para miles de colombianos fue un verdadero duelo aeronáutico. La aerolínea que había construido una reputación basada en el respeto desaparecía para siempre.
Meses después la propia Alianza Summa dejó de existir. Avianca sobrevivió. SAM continuó algunos años más operando bajo la estructura de Avianca hasta su desaparición definitiva en 2010.
Y aquí es donde comienza el debate que sigue vivo dos décadas después.
Hay quienes sostienen que Summa fue la única alternativa posible y que sin ella probablemente las tres aerolíneas habrían desaparecido. Otros consideran que ACES terminó sacrificándose para permitir la supervivencia de Avianca. También existen quienes creen que la crisis de ACES ya venía gestándose desde antes de la alianza y que tarde o temprano habría enfrentado el mismo desenlace.
La verdad probablemente tenga elementos de todas esas versiones. Lo que sí es indiscutible es el resultado. ACES desapareció. SAM desapareció. Y Avianca sobrevivió.
Veinte años después seguimos haciéndonos la misma pregunta. ¿Qué habría pasado si Summa nunca hubiera existido? ¿Habría sobrevivido ACES? ¿Habría sobrevivido Avianca? ¿Habrían podido coexistir las tres?
Nunca lo sabremos. Lo único cierto es que aquella mariposa gris representa uno de los capítulos más fascinantes de la historia aeronáutica colombiana. Un capítulo lleno de nostalgia. De controversia. De recuerdos. Y de preguntas que todavía siguen sin respuesta.
Para amar la aviación, hay que entederla.
Voxavia.
Por: wmb




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