La gaminería se subió a los aviones y afecta la seguridad aérea.
- Spotters32r Bogotá
- 15 may
- 3 min de lectura
Lo ocurrido recientemente con el pasajero disruptivo del vuelo Bogotá–Madrid de Avianca debería servir como una advertencia seria para muchísimas personas que todavía creen que hacer desorden en un avión es una simple “recocha”. No lo es, y lo más preocupante es que muchos están cometiendo faltas gravísimas dentro de aeronaves sin siquiera entender las consecuencias legales, operacionales y hasta penales que eso puede generar.
Hay que decirlo claramente: la gaminería ya se subió a los aviones. Hoy vemos personas gritando dentro de cabina, haciendo shows para TikTok, simulando ventas ambulantes, grabando pasajeros sin autorización, acosando personas por un asiento, embriagándose a bordo, interrumpiendo procedimientos, haciendo bromas sexuales, fumando vapeadores escondidos, e incluso alterando deliberadamente el orden dentro del avión para “crear contenido”. Muchos creen que eso solamente es “humor”. Pero en aviación eso tiene otro nombre: comportamiento disruptivo.
Un pasajero disruptivo no solamente incomoda: puede convertirse en una amenaza directa para la seguridad operacional, porque un avión NO es un escenario de redes sociales. Es un entorno controlado bajo normas internacionales de seguridad aérea.
La tripulación: no está para aguantar payasos, no está para controlar influenciadores improvisados ni para soportar personas que creen que volar es igual que ir en una chiva o una buseta. La función principal de una tripulación es garantizar la seguridad del vuelo, y cualquier persona que altere el orden, desobedezca instrucciones, intimide pasajeros, genere conflictos, distraiga procedimientos, o afecte el ambiente operacional, puede desencadenar una situación muchísimo más grave de lo que imagina.
Lo que muchos desconocen es que la aviación internacional sí contempla sanciones muy fuertes contra este tipo de conductas. Por ejemplo, el Convenio de Tokio de 1963, firmado por decenas de países, autoriza a las tripulaciones y autoridades a actuar contra pasajeros que: comprometan la seguridad, alteren el orden, afecten la disciplina a bordo, o interfieran con la operación aérea. Y en Colombia también existen implicaciones legales importantes. Dependiendo de la gravedad del caso, una persona podría enfrentar: expulsión inmediata del vuelo, inclusión en listas restrictivas, prohibición de viajar con determinadas aerolíneas, multas, demandas civiles, procesos penales, e incluso investigaciones relacionadas con interferencia en medios de transporte colectivo.
Además, si una conducta obliga: a desviar un vuelo, regresar al aeropuerto, retrasar operaciones, o activar protocolos de seguridad, las aerolíneas pueden exigir indemnizaciones multimillonarias. Y eso ya está ocurriendo. Hoy las compañías aéreas están empezando a demandar pasajeros disruptivos por: combustible perdido, costos operacionales, afectación de itinerarios, compensaciones a pasajeros, hoteles, tripulaciones, slots aeroportuarios, y daños reputacionales.
Porque devolver un vuelo internacional NO cuesta “unos cuantos pesos”. Puede representar pérdidas de decenas o incluso cientos de miles de dólares. Y aquí viene la parte más delicada: muchas personas están cruzando líneas gravísimas sin darse cuenta. Por ejemplo: grabar pasajeros sin consentimiento para exponerlos públicamente porque no le cedieron el puesto a su bendi en la ventana, ¿acosar personas durante un vuelo, generar intimidación colectiva, negarse a obedecer instrucciones de tripulación, manipular detectores de humo, fumar en baños, consumir sustancias, o alterar la convivencia a bordo, puede terminar escalando a procedimientos judiciales reales
Y mientras tanto, las redes sociales siguen celebrando la estupidez. Hoy pareciera que mientras más ridículo haga alguien dentro de un avión: más likes recibe, más viral se vuelve. más atención gana. Entonces muchas personas están convirtiendo una cabina presurizada con cientos de vidas en un circo para internet. Y eso es peligrosísimo. Porque la aviación funciona bajo disciplina, procedimientos, autoridad jerarquías, y cumplimiento estricto de normas. No bajo improvisación, gaminería o “humor viral”.
Y honestamente ya era hora de que las aerolíneas empezaran a endurecer sanciones. Porque el día que una de esas “bromitas” termine: generando una evacuación, provocando una emergencia, afectando un procedimiento crítico o desencadenando una tragedia, muchos van a darse cuenta demasiado tarde de que esto nunca fue un juego.
Por: Wilberth Menco




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