top of page
Buscar

Adiós al Boeing 737-200 de Aerosucre: el final de una era en Colombia


Sin hacer ruido mediático, sin despedidas, sin homenajes y casi que a escondidas, Colombia acaba de presenciar uno de los momentos más simbólicos de su historia aeronáutica reciente.


Hoy, 26 de mayo de 2026, después de las 10 de la mañana, el Boeing 737-200 matrícula HK-5026 de Aerosucre despegó rumbo a Venezuela. El viejo 737-200 habría cesado operaciones definitivamente en Colombia.


Hasta ahora no existe información oficial sobre su destino. Algunos aseguran que fue vendido. Otros creen que podría continuar operando en otro país. Pero la realidad es que nadie sabe con certeza qué pasará con uno de los aviones más icónicos y polémicos de la aviación carguera nacional.

Y sí, polémico. Porque el HK-5026 era exactamente eso: un avión que uno amaba mientras también criticaba.


Era imposible ignorarlo. Cada vez que aparecía en Bogotá era un espectáculo. Sus motores Pratt & Whitney JT8D rugían como si la década de los 80 nunca hubiera terminado. Se tragaba toda la pista para despegar, contaminaba como una chimenea y hacía un ruido ensordecedor que se escuchaba desde kilómetros. Pero aun así, todos levantábamos la mirada cuando pasaba.

Porque ver un Boeing 737-200 en pleno 2026 era ver un fósil viviente de la aviación comercial todavía luchando contra el tiempo.


Durante el último año lo vimos salir prácticamente a diario, excepto cuando entraba a mantenimiento. Y junto a los Boeing 727-200 de Aerosucre, representaba esa aviación vieja, agresiva y ruidosa que en Colombia parecía negarse a morir.


Nos quejábamos mucho de ellos. Decíamos que eran demasiado viejos, que hacían demasiado ruido, que eran peligrosos, que ya era hora de retirarlos. Pero cuando comenzaron a desaparecer, entendimos algo inevitable: también los íbamos a extrañar.


Los 727 empezaron a apagarse por diferentes motivos. Uno simplemente llegó al límite de su vida útil. Otro terminó detenido en Barranquilla tras incidentes y problemas operacionales. Y ahora este 737, que llevaba meses quieto en Bogotá mientras todos se preguntaban qué iba a pasar con él, finalmente desaparece del panorama nacional.


Y aunque duele decirlo, la decisión de Aerosucre de sacar estos aviones de operación era necesaria y correcta.


Porque detrás de todo el romanticismo aeronáutico también existía una realidad preocupante. Durante años, Aerosucre acumuló incidentes, accidentes y operaciones cuestionables que hicieron que el nombre de la compañía fuera conocido incluso fuera de Colombia. El HK-5026 tuvo eventos reportados como rechazos de despegue por fallas en el tren delantero, excursiones de pista y hasta aperturas de compuertas de carga en vuelo.


Y aun así seguían volando.


La comunidad aeronáutica siempre vivió una extraña dualidad con Aerosucre: admiración y miedo al mismo tiempo. Admiración porque mantenían vivos aviones históricos que ya casi no existen en el mundo. Y miedo porque muchas veces parecía que las operaciones iban al límite de lo permitido.


En internet, especialmente en comunidades aeronáuticas internacionales, Aerosucre se volvió famosa por videos virales de despegues extremos, operaciones polémicas y comentarios constantes sobre presuntas sobrecargas y procedimientos riesgosos.


Por eso ver despegar un 737-200 de Aerosucre era algo tan especial. Era casi surrealista. Uno literalmente se echaba la bendición cada vez que aceleraba en la pista.


Y quizá por eso duele tanto esta despedida silenciosa.


Porque Aerosucre sabe perfectamente que estos aviones son icónicos. Saben que existe una generación entera de spotters y amantes de la aviación que crecieron escuchando el rugido de esos JT8D sobre Bogotá. Pero corporativamente no supieron aprovecharlo.


En lugar de permitir que la comunidad se despidiera del avión, de hacer un homenaje, un vuelo simbólico, una exhibición estática o incluso una simple despedida pública, decidieron sacarlo discretamente del país. Y eso es triste. Porque emocionalmente la historia de este avión merecía algo más.


Hubiera sido un gesto enorme permitirle a la gente despedirse de uno de los últimos 737-200 activos de Latinoamérica.


El HK-5026 no era solamente un avión viejo. Era un símbolo de otra época. Una época donde la aviación era más ruidosa, más mecánica, más salvaje y mucho menos silenciosa que hoy.


Este Boeing nació en 1981 y tuvo una vida larguísima. Voló para Lufthansa, pasó por India, Estados Unidos y Chile antes de terminar convertido en carguero en Colombia. Y aquí, contra todo pronóstico, sobrevivió durante años operando en algunos de los entornos más exigentes del continente.


Hoy, con su partida hacia Venezuela, Colombia pierde oficialmente uno de los últimos grandes representantes de la vieja escuela aeronáutica.


Porque aunque no lo supimos en el momento, probablemente acabamos de presenciar el final definitivo de una era.


La era de los 727 y los 737 clásicos rugiendo sobre Bogotá. La era del humo negro en los despegues. La era de los motores viejos haciendo vibrar las ventanas de media ciudad. La era de los aviones que parecían imposibles de seguir viendo en el aire… pero que siempre aparecían otra vez.


Y quizás eso sea lo más duro de aceptar.


Que un día simplemente despegan… y ya no vuelven.


Y cuando el ruido desaparece, uno entiende que también se fueron con él los últimos ecos de los tiempos dorados de la aviación.

 

Por Wilberth Menco



 
 
 

Comentarios


Portada para Facebook Inmobiliaria Simple Gris.png
  • Facebook
  • YouTube
  • Instagram
  • TikTok

© 2026 Creado por VOXAVIA con Wix.com

bottom of page